MENSAJE DE CUARESMA

MENSAJE DE CUARESMA 2021

Diócesis de Matehuala

 

Hermanos sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, grupos apostólicos, fieles todos en el Señor. Los saludo con la paz que nos da Nuestro Señor Jesucristo.

 

El próximo 17 de febrero, con el miércoles de ceniza, iniciaremos el tiempo de cuaresma. Espacio propicio que la Iglesia nos regala para reflexionar sobre nuestra fe en Dios y el modo de vivirla. Este año, al igual que el 2020, nos toca vivir la experiencia de enfermedad en el mundo entero, que nos entristece y preocupa. Todos estamos al pendiente de cuidarnos y cuidar a nuestra familia. Los medios de comunicación nos informan y desinforman de tal manera que la credibilidad no es fácil. Encontramos autoridades que exigen normas de comportamiento y otras que parece no preocuparles la cantidad de enfermos y decesos diarios en nuestras comunidades, de personas conocidas, de familiares o amigos que sufren en hospitales o se despiden de un ser querido. Nuestras familias están con temor. La economía es pobre en las comunidades. Los médicos y enfermeras junto con el resto del personal sanitario están al frente, con actitud de servicio y entrega profesionales, que los hacen en este tiempo tan indispensables como un tanque de oxígeno o una cama de hospital. En medio de esto que parece un caos complejo y abrumador, que rebasa nuestras capacidades de asumir tantas experiencias de temor o tristeza, se nos presenta una oportunidad más de vivir esta realidad con ojos de fe, con esperanza y paz. La cuaresma nos vuelve a encontrar para invitarnos a abrir los ojos a esta realidad que vivimos y seguir creciendo en las virtudes que Cristo mismo nos pide desde el evangelio, y así sea una oportunidad de mostrar que la fuerza ante las adversidades viene de Dios. Fuente de gracia y de fortaleza.

 

La cuaresma debe ser un tiempo de conversión. La invitación es imperativa desde el profeta Joel: “Conviértanse al Señor su Dios, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en clemencia y se conmueve ante la desgracia” (Jo 2,13) Este texto del miércoles de ceniza nos grita ante esta realidad. Ver al Señor, voltear nuestro rostro para “verlo”. Sabemos que es más que un gesto. Es una actitud que debe brotar de nuestro corazón para experimentar su presencia, su grandeza y poder sobre todo mal. Es compasivo y misericordioso. Esta es la descripción de Dios que está cerca de la humanidad acompañándonos fielmente. Nuestro Dios rico en clemencia nos quiere compartir su riqueza. Abramos nuestras personas y dejemos que derrame su clemencia en nuestras familias y comunidades. Vivimos un tiempo histórico de pena y dolor. Hagamos el espacio, invitemos al Dios que “se conmueve ante la desgracia” a acompañarnos. La cuaresma es un tiempo propicio de experimentar su gracia. Los invito a iniciar este camino con la esperanza firme de tener entre nosotros su consuelo y gracias necesarias para ser fieles a la invitación de confiar en su amor.

 

La cuaresma deberá ser también un tiempo de fortaleza. Este es uno de los regalos que el Espíritu Santo da a los que se lo piden. Significa tener la capacidad del espíritu para superar con firmeza y confianza en el poder de Dios, aquellas amenazas del mal que ponen en peligro la fe del cristiano. Así, el texto del evangelio de San Marcos del primer domingo de cuaresma presenta la tentación a Jesús por Satanás. El cristiano tiene en Cristo el modelo de la fortaleza para no caer en la tentación. Las circunstancias que vivimos nos empujan al fatalismo o al egoísmo. A la desesperanza, al cansancio y al hastío. No vemos la luz al final del túnel. En lugar de esto, vemos empresas enriqueciéndose a raíz de la enfermedad. Encontramos precios exorbitantes en medicamentos y artículos de higiene. Politización de la salud y del programa de vacunas. Y viene la tentación del desaliento, del pensamiento de soledad. El Señor no nos escucha. Estamos abandonados a la ambición de los más poderosos. Pero la gracia del Espíritu nos llama a ser fuertes en la espera. El Señor no nos abandona. Aunque haya olas que amenacen y vientos que muevan con violencia, Él va con nosotros (cfr. Mc 4,36 ss) y su poder es grande sobre el mal que amenaza. De Él viene nuestra fuerza. En Él está la salvación. Los invito, pues, a que seamos fuente de fuerza para nuestros hermanos más débiles. Invitemos a contemplar la presencia de Dios en nuestra Iglesia que vence la debilidad humana con su gracia y sus dones. Acompañar, aconsejar, infundir confianza en Dios y sus misterios, es parte de la colaboración que podemos realizar por el Reino de Dios en este tiempo que muchos nos sentimos débiles ante las múltiples amenazas a la humanidad.

 

También quiero hacer mía la propuesta del Papa Francisco, en su mensaje para la cuaresma 2021, nos hace la invitación a fortalecer la esperanza a través de algunas acciones constructoras de nuestra conversión personal. Así nos exhorta a la “esperanza en la reconciliación” para convertirnos en difusores del perdón, vivido mediante nuestras palabras y gestos. “Esperanza en el recogimiento y el silencio de la oración” para encontrarnos con el Padre de la ternura. Así también señala, “ser testigos que, en Jesucristo, Dios hace nuevas todas las cosas”. Queridos hermanos. Hagamos nuestra esta tarea que nos propone el Santo Padre. Seamos misioneros de esperanza a través del perdón, la oración y la capacidad de renovarnos en Cristo. Sabemos cuáles son los caminos para hacer realidad esta propuesta en nuestra vida, en nuestras comunidades, familias e Iglesia. Tarea para vivir en actitud de esperanza la resurrección de Cristo, que a fin de cuentas es el propósito de la cuaresma.

 

Finalmente, deseo que el camino hacia la pascua en este 2021, nos una como Iglesia en aquellas actitudes evangélicas que debemos fortalecer como Iglesia diocesana. La principal de ellas, la caridad, la misericordia. Esta virtud sin la cual no podemos ser sus discípulos. Este tiempo es sumamente indispensable practicar la caridad. Esta “es don que da sentido a nuestra vida y gracias a este consideramos a quien se ve privado de lo necesario. Lo poco que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca” (Papa Francisco. Cuaresma 2021). Caridad que nos comprometa a las iniciativas efectivas para sanar la pobreza del alma de muchos hermanos y hermanas que están tristes, adoloridos por las necesidades humanas, materiales, morales. Actitudes que muestren el rostro de Dios en los más desprotegidos de las comunidades y los enriquezcamos con palabras de aliento, de fe y de consuelo. Muchos esperan de nosotros y no podemos decirles que no. La solidaridad motivada por el evangelio de la misericordia debe ser nuestro impulso. Creemos en el Dios que muere por nosotros para enriquecernos con su entrega, con su sangre en la cruz. Es el Dios del amor, a quien celebramos diariamente en la eucaristía. Así pues, que esta virtud teologal, sea el camino fundamental para vivir nuestra cuaresma en camino claro hacia la resurrección.

 

Que la Santísima Virgen Purísima Concepción y San Francisco de Asís nos acompañen con su espiritualidad y su ejemplo de entrega. Oremos a ellos por nuestra Iglesia diocesana, por los niños y abuelitos de nuestras comunidades. Lleguemos a los jóvenes y fortalezcamos su fe para que sean luz en medio de sus familias. Tenemos una gran tarea muy bonita pero llena de retos. El tiempo es propicio. Nos ponemos en las manos de Dios y en el nombre de Cristo les doy mi bendición.

 

 

 

 

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+  Margarito Salazar Cárdenas.