HISTORIA

Todo el Altiplano Potosino a mediados del siglo XVI, en la época de los grandes descubrimientos y conquistas, recibió el nombre de “la Gran Chichimeca”. Sus habitantes no formaban pueblos sedentarios como los que hasta en ese entonces habían encontrado los conquistadores, eran indios bárbaros, nómadas, cazadores – recolectores, dispersos y divididos en muchísimos grupos con diversos nombres poblando Arido américa.

 

Dichos bárbaros, ya de por sí ariscos, montaraces y sanguinarios, se tornaron mas belicosos, indomables y crueles aún cuando los españoles habían puesto pie en estas tierras. Desde el primer encuentro con los españoles opusieron fiera resistencia al avance del conquistador. Fue cuando empezó la llamada “Guerra Chichimeca” (1550–1590) que tanta sangre y dinero consumió y que en parte frenó la penetración hispana en la parte central del norte de México.

Con la ayuda de una parte de otomíes traídos desde Querétaro, los conquistadores –misioneros y pobladores – en una guerra a “sangre y fuego”, fueron levantando presidios y poblados que servían de guarniciones para defender lo ya conquistado; otros para irse adentrando en la Guachichila.

Así las cosas, provenientes de Zacatecas y apoyándose en las Salinas de Santa María, en un ímpetu tan audaz como suicida por parte de misioneros y pobladores, en 1574 se fundó la misión de Santa María de las Charcas (S.L.P.), cuyo objetivo primordial era la pacificación de toda esta región, llegando al valle de Matehuala, la sierra (hoy de Catorce), hasta Coahuila y el Nuevo Reino de León; de esta manera llega también el cristianismo y la civilización.  

Por lo abrupto y por la altura de la sierra, esta quedó al margen del área poblada, mientras a un lado y al otro, en lo llano, se formaban haciendas –como el Ojo de Agua, Matehuala, San Juan de Vanegas, San Rafael, etc.- en la cima nadie puso sus ojos, quedando desierta e inviolada, si acaso un reducido grupo de los llamados negritos que se encaramaron hasta esas alturas para guarecerse de los conquistadores.

A los ambiciosos buscadores de minas, jamás se les ocurrió que en la cima abundaba lo que en las faldas de la sierra rasguñaban y en esas inútiles andanzas transcurrieron casi dos siglos. El descubrimiento de las minas en esa cima de la sierra, está mas envuelta en la fábula y en la leyenda que en la historia. Los decires son variados y dignos de atención por la semejanza que guardan del número catorce, y que han dado origen al nombre actual de “Real de Catorce”, pero son sólo eso, decires.

          Lo único verídico, es que el licenciado don Silvestre López Portillo, vecino de San Luis Potosí, que conocía muy bien, hasta lo más hondo, las minas de los Reales de Guanajuato, Guadalcázar y Cerro de San Pedro –como que era dueño de todas ellas – luego de escribir una misiva, la firmó con el nombre del lugar en el que se encontraba en ese momento: “Real de Ntra. Sra. de la Concepción de Guadalupe de Álamos, Julio 23 de 1772”. Esto significa que las minas habían sido descubiertas años antes y que para ese entonces habría un número indefinido de habitantes, es de notar que no se le conoce aún con el mote de “Catorce”.

Por lo ya dicho, respondemos a la pregunta original. Es obvio que somos una parroquia muy antigua; la cristianización y aculturación de “Catorce” de “Cedral” y “Matehuala” como las demás comunidades de toda esta área, se debe exclusivamente a los misioneros de Charcas, quienes se apoyaron en la misión de San Francisco, fundada hacia 1717.

Al establecerse los poblados cerca de las minas de la región, se erigieron pequeñas ermitas donde los frailes franciscanos venidos de Charcas oficiaban la Santa Misa. En 1779, cuando don Silvestre López Portillo hizo el asentamiento oficial del Real, los mineros convinieron en donar una cantidad diaria y otra anualmente para la construcción de un templo, al igual que de otros edificios de servicio público.

Se levantó un templo que estuvo al cuidado de los frailes franciscanos por poco tiempo, para que después estuviera a cargo del clero secular del Obispado de Guadalajara, al cual pertenecía. Después de varias consultas, discusiones y estudios al respecto, se decreta la erección canónica de la Parroquia de la Purísima Concepción de los Catorce el 12 de Agosto de 1790; considerándose curato independiente dentro de la diócesis de Guadalajara.  

 

El edificio parroquial era pequeño y estaba muy deteriorado en 1793 y al lado de este se inició la construcción de un templo de mayores dimensiones: 53 m. de largo y 13.25 m. de ancho. Así, el 16 de agosto de 1797 la nueva parroquia recibe la primer visita pastoral del obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas, afamado por su espíritu de caridad y por las atinadas directivas sociales, quien venía de Guadalajara. Se sorprendió al ver que en este lugar había un emporio de riqueza muy grande tanto por sus minas como por el número de habitantes –7 300 feligreses aproximadamente– sólo en lo que hoy es la cabecera parroquial. En los alrededores se podía contar con más de diez mil habitantes.

Al pasar de los años, la parroquia contaba con 54 comunidades que eran atendidas después de la persecución religiosa hasta el año de 1893 por dos sacerdotes. La población hasta ese año era de aproximadamente quince mil habitantes en lo que es el municipio y lo que era la parroquia, pero, a causa de la falta de empleo y debido al cierre de algunas minas que se seguían explotando, mucha gente se vió en la necesidad de emigrar a las ciudades y al vecino país del norte. Es en este mismo año en que la parroquia es dividida en dos, quedando la parte de la sierra exclusivamente bajo la responsabilidad de la parroquia de origen y la nueva parroquia atendida por un sacerdote, abarcando las comunidades de la parte baja o del bajío. El motivo principal era dedicar un sacerdote de tiempo completo a la atención de la nueva parroquia y los de la antigua parroquia, al cuidado de los peregrinos que acuden a donde se da una especial veneración a la imagen de San Francisco de Asís.

 

Cabe mencionar que desde antes de constituirse la parroquia y con la llegada de los misioneros franciscanos, se trajo una imagen de San Francisco de Asís para que presidiera la oración que día con día realizaban los frailes. De esta imagen milagrosa hablamos en un apartado especial que invitamos a que veas detenidamente.

Hoy la parroquia cuenta con una población aproximada de tres mil habitantes repartidos en 23 comunidades, algunas de ellas con la mitad de población que se tenía hace 10 años. Dichas comunidades son: Real de Maroma, Adjuntas del Jordán, El Jordán, La Alberca, Tahonas del Jordán, Los Rayos – Lagunita, El Pastor – Santa Rita, Jesús de Coronados, Vigas de Coronados, Adjuntas de Matanzas, Matanzas, Alamitos de los Días, La Luz, El Potrero, San Antonio de la Cruz, Potrerillos, El Salto, Tahonitas, La Palma, La Cañada, Ojo de Agua – Agua Blanca, Los Catorce y el Real de Catorce.

Como vemos, ahora es una parroquia pequeña, tanto por la cantidad de comunidades como por el número de habitantes, sin embargo, el acceso a las comunidades es difícil por la falta de vías de comunicación para darles la atención que se requiere.